viernes, 29 de febrero de 2008

TUS FOTOGRAFIAS

No recuerdo bien mi amor , si en algunas de mis anteriores cartas te hablaba de tus fotografías. Esa instantánea mágica, que deja sobre un inmaculado papel , la imagen de tu belleza. Y de ello , me gustaría , Maria José , hablarte en esta carta , porque como tu no hay ninguna. Tu eres, mi amor, el rayo luminoso del arco-iris fotográfico, que deja sobre el pecho de tu ser, la luz que ilumina el universo estrellado, en la malagueña noche antequerana. Y en ese repaso, cogiendo ahora mi pequeño álbum fotográfico, lo reinicio con las dos primeras instantáneas que recibe de ti. Dos fotografías , que han podio pasar a la historia , no en balde, la primera pincelada de tu belleza quedo palpable sobre el escenario de tu hogar, para imaginarme que nuestros ojos, se miran eternamente.
Tu te hallabas allí, morena y alegre, con la intención de regalarme tu primera imagen, para comenzar a colocar la semilla, que ha crecido con la lluvia de palabras, o tal vez, con el ciclón de cartas, a ti escritas. Sigo, mi amor, recorriendo las paginas de mi pequeño álbum de fotografías , para detenerme, como si de una estación climatologíca se tratase, en tus fotos veraniegas, o mejor dicho, en las primeras fotografías veraniegas, que recibí de ti. Fotografías donde al menos a mi, y pese al paso del tiempo, me cuesta describir. Simplemente porque me emociono al contemplarlas, y creo que seria muy difícil descifrar la formula humana, convertida en formula amorosa, que tu belleza desprende en ellas.
Maria José, amor mío, dulce y eterna sonrisa. Esperanza de mi vida. Huella presente en la primavera soleada de jardines prohibidos. Tu eres, como cantaba, Juan Luis Guerra, “ eres el motivo de mi canción ". En mi tercera parada, mientras mi memoria parece trabajar a toda maquina, como el viejo tren de vapor, que recorre con cierta melancolía las vías que se convierten en los ríos de pasión amorosa, que dos enamorados, pueden dejar, sigo mirando tus fotografías, y me encuentro ahora con las que te realicé en nuestro primer encuentro, allá en tierras sevillanas, para que el perfume andaluz de la ciudad mágica y encantadora de Sevilla, nos envolviera, como globo flotante en nuestro mundo. Instantáneas, en las que quedaron reflejadas el momento de una cena romántica, el momento de viajar a tierras inglesas, a través de sus mas populares pubs, y mientras saboreamos una copa ,repetirte hasta la saciedad que te amo. Lo reconozco, mi amor , me gusta verte a través de fotografías. Me encanta observar y estudiar, cada gesto de tu rostro , cada movimiento de tu cuerpo , cada brillo de tu mirada.

Maria José eres la rosa del amor y de la vida

Prosigo por tanto, querida Maria José, por ese paseo tan hermoso, que tiene tus fotos como protagonista , mientras sueño que eres tu, y solo tu la mas bella fantasía, o la mas eterna melodía jamás compuesta . Mientras observo, mi amor, cada instantánea de las que te realice en tu primera visita a la ciudad de Zafra, o aquellas, que quedaron como recuerdo imborrable de los fantásticos días, que vivimos juntos, en mi amada Cortegana. O tal vez, esas fotos en las que volvías a ofrecerme tu belleza veraniega, para que como si de un ciclo de la vida se tratase, girar sobre si mismo, y volver a sentirnos unidos bajo el hermano sol, mientras que tu cuerpo se inunda del agua cristalina del mar malagueño. Sin olvidar, mi amor ,las ultimas instantáneas por ti recibidas , esas en las que como si se tratase de la mejor modelo del mundo, me regalas coquetas y hermosas posturas de tu rostro, y de tus manos , mientras que un abrigo negro y hermoso cubre tu cuerpo , o mientras que una blusa puede dejar al descubierto tus hermosísimos hombros. Voy cerrando, mi amor, esta carta, con la intencion de haber alimentado mi corazón con esos recuerdos fotograficos. Así son , mi amor , o así he pretendido describir algunas de las cientos de fotografías, que conservo como inigualable recuerdo de nuestros encuentros. De nuestras conversaciones. De nuestras risas .... fotografías , amor mío, que se convierten ya en mi mejor tesoro.

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