me vas a permitir, una vez mas, que en esta nueva carta escrita solo para ti, conjugue algunas expresiones periodísticas de dos de mis mejores “ aliados “ en estas cartas de amor, que , poco a poco , sin prisa, pero sin pausa, voy elaborando. Dos aliados enamorados. Si. Pero enamorados de la mujer española, o del mas hermoso instante, que pueda compartirse. Es decir , Carlos Herrera, y Jesús Quintero. Y lo hago ahora , con el primero de ellos, cuando escribía en un bellísimo articulo publicado en el Diario de Sevilla, textualmente así , “ Hoy, estoy mirando al cielo. Hoy de manera especial, en esta mañana primaveral, y lo veo totalmente desierto, blanco, muy blanco. Por primera vez lo siento diferente. Hoy, estoy mirando al cielo y lo veo blanco, inmensamente blanco, como una hoja blanca, en la que nada hay escrito. Blanco, inmensamente blanco, para no ensuciar su eterna pureza “.
Así, mi amor , siento yo el cielo , desde que llegaste a mi vida - ¿ y porque ? – seguramente te estarás preguntando, mientras lees esta carta. La respuesta, mi amor, a esa interrogante, es tremendamente sencilla , porque todo el color, toda la luz, todo el amor, toda la espiritualidad, toda la pasión , toda la angelicalidad, toda la amistad , toda la fuerza del inmenso cielo, quedo vacío desde el mismo instante , en que a través del poder de la madre naturaleza, vistes la luz del mundo, llegaste a esta bendita tierra. Desde entonces, Maria José , el cielo esta desierto , como el desierto del alma de Dios, porque mando a la tierra a su mas poderoso y bello ángel de amor. Seguía escribiendo Carlos Herrera , “ hoy , estoy mirando al cielo, y - repito - lo encuentro vacío de sensaciones y de vida. Lo encuentro vacío del amor purificado de la Virgen Maria. Lo encuentro vacío de lagrimas caídas por amores olvidados “. Amor mío, el periodista sevillano, tiene razón , - insito – el cielo esta vacío desde que tus bellísimos ojos. Desde que tu perfecto y geométrico cuerpo. Desde que el calor de tus manos , llego a todos nosotros, en forma de ángel, hecho mujer. Porque , al fin y al cabo, mi amada Maria José , el amor, es el mas importante motor que mueve el universo. Sobre él como yo he construido mi mundo del que te hablaba en mi anterior carta, se construye gran parte de las relaciones humanas. El amor , Maria José, es tan poderoso, que casi sin darnos ni cuenta, se convierten una gran fuente de placer. Y es que el ser humano que esta enamorado, reconoce que la persona amada le puede dar lo que el no tiene. El amor , Maria José , pone palabras a los sentimientos, y se convierte en aliado, para ayudarnos a entender quienes somos.
Te escribía, mi amor, al inicio de esta carta, sobre mis dos aliados periodísticos y ahora abro la puerta de la misma, al segundo de ellos, el también periodista sevillano , Jesús Quintero, que algunas de sus muchas reflexiones decía , “ Me educaron para ser valeroso, y aún me da miedo la oscuridad “. Y en ese aspecto , si, me da miedo la oscuridad de un mundo sin ti, mi amor. Quintero, seguía diciendo , “me educaron para amar al prójimo, pero el prójimo, por lo que veo , no lo educaron, para que me amara”. Fíjate, y hablando de amor , Maria José, yo amo al prójimo, o trato de amar al prójimo, pero en ocasiones, mi amor, sentí el rechazo de esa hermosa palabra.
Maria José : Tus ojos me vuelven loco
“ Me educaron para ser fuerte, pero esa asignatura la tengo, aún pendiente”. Ahí , mi querida Maria José , aplico también a rajatabla las palabras de Quintero , para ser fuerte con la vida misma. Y cerraba su reflexión televisiva, o radiofónica el propio Quintero, con algo contundente “ dicen que estoy loco, si loco ..... allá los cuerdos con su educación, muchas veces incomprendidas “. Fíjate que hermosa carta, mi amor. Fíjate que bellísimo contraste de pinceladas, hoy te he escrito sobre el cielo, y sobre la educación. Hoy, he vuelto a escribirte, en lo que creo es lo mas importante, sobre el mas hermoso amor que Dios pudo poner, en el corazón de un hombre , es decir, amar a una bellísima mujer como tu. Así, sin mas, sigo rompiendo la virginidad de este folio, para imaginarte en las notas musicales de una balada de amor , y establecer en la baile profundo de dos almas el mas eterno regalo que puedes darme. El regalo que yo , Maria José , pueda pedirte , recibir en mi mejilla la huella del beso dado por tí.
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