Tengo miedo, mi amor, de la muerte. De que esa dama sombría y mavalda, a veces, disfrazada de diablillo , me lleve a su lado , sin previamente no unificar, aunque sea a mi manera, el inmenso amor que por ti siento , por ello, le digo a la muerte, “espera, no seas impaciente, déjame disfrutar un poco mas del ángel que Dios puso en mi camino “. Y le repito , mi amor , a esa misma dama ,” espera, estate tranquila , no me llames aún porque quiero seguir alimentando mi corazón del inmenso amor que por mi amada Maria José siento”.
El miedo, el maldito miedo, el que me acompaña desde que traspase la barrera de la infancia . Desde el mismo instante, en que comencé a dar los primeros pasos de mi juventud, y ahora , cuando con el paso de los años estoy recorriendo el camino que bautizamos como adulto, se intensifica ese miedo . El mismo, que ahora estoy reviviendo, y que ya sufrí en mis propias carnes, en mi adolescencia. Miedo , a que se burlaran de mi. Miedo, a que las mujeres se rieran De mi fealdad. Miedo, a peder un amor. Miedo, a convertirme en el bufón de la corte.
Maria José , besa tu mejilla es subir al cielo de mi amor por tí.
Amor mío, al igual que los agricultores viven con miedo toda su vida , por si no llueve, y hay esquía . O por si llueve demasiado, y se inundan las cosechas. Miedo , mi amor, siento mucho miedo de no poder vivir contigo el momento mas hermoso que puedas regalarme como es tu eterna sonrisa. Tengo miedo de que algo pueda ocurrirte, y entonces mi corazón se partiría en un millón de porciones , para convertirse en lágrimas profundas de dolor. Maldito sea el miedo , mi amor, y yo mismo me maldigo, por haber abierto las puertas a ese compañero de viaje. Miedo , ¿qué es el miedo? , podemos preguntarnos, mi dulce y celestial Maria José. Por una vez, me vas a permitir, mi amada Maria José, que no pueda contestar a las interrogantes que de vez en cuando, te planteo en estas cartas. No se que puede ser el miedo, o de donde puede salir el miedo , pero lo cierto, es que tal vez por el inmenso amor que te venero , ese miedo a vuelto a despertase en mi , el que yo creía definitivamente dormido, en el interior de mi alma. Te amo , mi amor. Te amo tanto que tengo mucho miedo de que en una noche estrellada, mientras la luz de guía brilla por encima de todas, me quede definitivamente dormido para siempre, con la fuerza de un ser tan angelical y profundo como tu, para recordar entonces la frase final de la maravillosa película titulada “ Goss “ cuando el protagonista , y mientras que sus lagrimas recorren sus mejillas , en el momento preciso en que hecho ángel, es llamado por Dios, y tras besar por ultima vez los labios de sus amada le dice aquello de , “ no sabes, mi amor, cuanto amor me llevo hasta el cielo”. Y con esa frase tan hermosa, quiero mi amor , cerrar esta carta.
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